Expulsión de okupas en el barrio del Carmen (Foto: Helio Kalis).
El sábado pasado los jóvenes okupas encarcelados
en Picassent fueron sacados de prisión para declarar ante el juez. En
las calles de Valencia había a una tranquilidad de fin de semana, cada
cual a lo suyo, a mirar escaparates, a montar su mesa los trileros, a intentar
vivir como uno puede o le dejan. Pero ése no era el paisaje que a la
policía y al magistrado del Juzgado nš 2 de Valencia les interesaba.
No les interesaba un paisaje tranquilo, ajeno a otras preocupaciones que no
fueran las suyas cotidianas. Por eso la policía y el juez disfrazaron
la escena de la salida de los cuatro chavales con todo el ropaje de los presos
acusados de terrorismo: la policía iba encapuchada, las tanquetas en
la calle, un helicóptero dando vueltas sobre el recorrido hasta los juzgados.
O sea: una película americana de Silvester Stallone. No me río
ni hago broma del asunto. Al contrario: la rabia se me come. Y la impotencia.
Desde el primer día el juez decidió que los hechos imputados a
los cuatro detenidos eran terroristas. Por eso los metió en la cárcel
sin fianza y se empecinó en que los materiales confiscados en los registros
domiciliarios (otra vez los policías encapuchados en alguno de esos domicilios:
otra vez Silvester Stallone) contenían apologías de terrorismo
y manuales subversivos de prácticas de lucha armada. Ahora después
de más de un mes, el juez Luis Francisco de Jorge ha decidido inhibirse
a favor de la Audiencia Nacional argumentando lo de siempre terrorismo. Y yo
digo que nada de eso es verdad. Y lo digo porque conozco los hechos y casi todos
los argumentos del magistrado son pueriles. Si hacemos caso a esos argumentos,
ustedes y yo podríamos estar ahora mismo en chirona acusados de lo mismo.
Y sobre todo lo digo porque he leído atentamente el auto y lo pueril
se transforma de nuevo en impotencia y rabia. En ese auto hay como una propensión
compulsiva a criminalizar la disidencia. a descontextualizar los hechos, a considerar
una vez mas que todo lo que hace referencia al País Vasco ha de ser necesariamente
motivo de sospecha y finalmente de condena.
Cuando te acercas al texto del juez se te ponen los pelos de punta, todo está
lleno de medias verdades, de interpretaciones personales sobre lo sucedido a
partir de la ideología del magistrado. Y lo que es peor: antes de escribir
este artículo hablé con abogados que han seguido el proceso y
lo que más les llama la atención son los disparates jurídicos,
no por contradictorios, que también, sino porque son consecuencia a de
una precipitación o deseo en imputar delitos que no ofrecer cobertura
jurídica. Pero eso es lo que ellos, como profesionales estiman: el juez
piensa y actúa de otra manera bien distinta. Desde el primer instante
no ha dado tregua a la presunción de inocencia, ni ha contemplado la
posibilidad de que la alarma social no la estaban creando los hechos imputados
a los detenidos sino sus propias decisiones Y ha dilatado exageradamente el
levantamiento del sumario y el posterior dictado del auto: eso ha facilitado
el delirante rosario de filtraciones a que hemos venido asistiendo desde el
día mismo en que la maquinaria acusatoria se pone en marcha.
Ahora la pelota está en Madrid. Hay recurso presentado por la defensa.
No se en que quedará finalmente este asunto. No se si la Audiencia Nacional
tirará de las orejas al juez de Valencia y le obligará a retomar
el caso. No sé nada. Sólo que la justicia a es cada vez más
injusta con la parte más débil de la sociedad y más complaciente
con los poderosos, sólo sé que la violencia de todo tipo está
siendo utilizada por el gobierno y la policía para esconder su ineficacia
a la vez que para criminalizar cualquier movimiento o colectivo que no esté
de acuerdo con el orden imperante. Los jóvenes detenidos han sido presentados
desde el principio como si de verdad fueran unos fabricantes de inestabilidad
social, como si de verdad hubieran atentado contra la seguridad del Estado,
como si de verdad se hubieran pasado la vida jodiendo al resto de la humanidad
que no piensa como ellos. Pero no hay peor violencia que la que emana de ese
Estado, con sus leyes absurdas, con jueces empecinados en unas decisiones igual
de absurdas, con policías que informan interesadamente en los sumarios
para salvarse ellos de su ineficacia. Todo ese cúmulo de intereses lo
están pagando en estos momentos los jóvenes encausados, sus familias
y el propio movimiento okupa. Ojalá la justicia, ahora en los tejados
madrileños de la Audiencia Nacional. fuera justa Ojalá
ALFONS CERVERA