Domingo 17 de febrero de 2002 - Número 331
VANDALISMO | PÁNICO EN VALENCIA
Los coches ahora son las Fallas
EN LOS ÚLTIMOS dos años 800 vehículos han sido quemados en Valencia por
jóvenes que dicen pertenecer al «movimiento antiburgués». Un periodista de
CRÓNICA ha conseguido desentrañar los mensajes que estos gamberros, chicos
de entre 14 y 17 años de clase media alta, se cruzan en Internet. Aunque
aseguran que sólo van a por coches mal aparcados, no es así
ANÍBAL C. MALVAR
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implicados pertenecen a un grupo autodenominado Razonamiento Siempre Manda.
Califican sus acciones de «vandalismo razonable» y se comunican por Internet.
La policía ha interceptado muchos de sus mensajes, que destacan por su ideología
y su calidad literaria. |
Yo me apunto a la opinión general de que lo que llevamos
entre manos no sólo servirá para divertirnos (espero que mucho), sino que
tiene un mensaje; que lo del secuestro/quema de coches es sólo un gancho
para atraer a los medios. Por tanto sugiero a nuestra Junta Militar que diseñe
un plan de acción para que los soldados rasos como yo podamos entrar en batalla».
Mensajes como éste, localizados en Internet, permitieron a la policía
rastrear a una veintena de jóvenes de entre 14 y 17 años como presuntos autores
de la quema de algunos de los más de 800 coches que han ardido en Valencia
desde la Semana Santa de 2000.
Los implicados pertenecen a un grupo autodenominado Razonamiento Siempre
Manda y califican sus acciones como de «vandalismo razonado» en los mensajes
que se intercambian a través de webs temporales que desaparecen en poco tiempo
para evitar la localización del nombre de los usuarios o de las direcciones
de correo que usan para comunicarse.
De hecho, para identificar a los componentes de la banda no bastaron
las batidas en la red. Dos miembros de la policía se infiltraron durante
meses como estudiantes en uno de los institutos donde se sospechaba que actuaban.
La operación dio sus frutos en septiembre de 2001. Los adolescentes pasaron
a disposición de la Fiscalía de Menores y ésta los puso bajo la custodia
de sus padres. Los jóvenes permanecen en el anonimato y siguen una vida normal
hasta que se resuelva una posible condena.
La discreción, al tratarse de menores, ha sido una de las consignas
más claras. Ni en el instituto ni en el barrio que no es uno de los más especialmente
conflictivos de Valencia alumnos y vecinos supieron de los policías infiltrados
ni de la ulterior identificación de los vándalos. CRÓNICA consiguió hablar
con una de las personas, perteneciente a la Asociación de Padres, que formaban
parte del consejo escolar del centro educativo cuando la policía les comunicó
el resultado de sus investigaciones.«Eran chicos de lo más normales, de los
que no te puedes ni imaginar, chicos que nunca habían pasado por un consejo
de disciplina en todos los años que permanecieron en el instituto», relata.
El perfil de los identificados como presuntos miembros del grupo RSM
le sigue sorprendiendo aún: «Chicos bien, de clase media-alta, que tenían
Internet en sus casas. No eran ni gente marginada, ni siquiera hijos de padres
separados o algo así. Los padres fueron los más sorprendidos. Sus hijos eran
de los que no destacaban académicamente para bien o para mal». Ninguno tenía
antecedentes penales. Cuando se le pregunta por las razones que inspiraron
a estos jóvenes sin perfil conflictivo y escasas excusas para enfrentarse
a un sistema en el que son privilegiados, se encoge de hombros: «Lo hacían
para divertirse. Ya ve usted».
La policía y la Delegación del Gobierno en Valencia también han desmentido
cualquier clase de inspiración política del grupo.«Yo quisiera saber si aspiramos
a algo más que a reírnos», escribe uno de los miembros del comando antibugas
en Internet, en un mensaje enviado en abril de 2001. «Hombre, no digo que
con esto vayamos a transformar el mundo por completo, pero sí podríamos intentar
algún pequeño cambio».
El cibervándalo es partidario de diversificar las acciones del grupo
y aduce sus razones: «Con lo de los coches quemados, sin más, tampoco creo
que se pudiera conseguir gran cosa. ¿Se asustaría la gente tanto como para
dejarse de comprar el coche de sus sueños por miedo a que se lo quemen? Lo
dudo, lo dudo, lo dudo».
Fuentes policiales cercanas a la investigación dicen que desde el principio
sorprendió el contenido ideológico y la calidad literaria de algunos de los
mensajes. ¿Podrían estar relacionados con algún grupo anti globalización
radical? «No lo sabemos. La verdad es que sabemos muy poco. Cogemos a algunos,
pero se siguen quemando coches».
Tras la Semana Santa de 2000, se investigó la posibilidad de que se
tratara simplemente de un juego de rol. De hecho, algunos de los grupos puntuaban
sus acciones en Internet en función de las marcas y precios de los coches
quemados. El 27 de abril de 2000, la policía científica detenía a siete jóvenes
de entre 14 y 16 años residentes en el barrio de Patraix como presuntos autores
de varios incendios en aquella Semana Santa. Otros 17 adolescentes prestaron
declaración por su supuesta participación en la quema de 35 vehículos. Los
detenidos estaban divididos en dos bandas que competían entre sí.
Tras los interrogatorios, el jefe superior de Policía, Segundo José
Martínez, concluyó que actuaban sólo por «diversión y notoriedad».Las bandas
funcionaban con una rígida estructura en la que cada miembro cumplía un cometido.
Uno era el encargado de romper los cristales del vehículo, y se daba a la
fuga. Cuando comprobaban que nada había pasado, otro rociaba el interior
con gasolina y también huía. Finalmente, un tercero, si nadie se había percatado
de las acciones anteriores, echaba la cerilla en el interior del coche.
El grupo de jóvenes se apostaba discretamente en las cercanías, separados
para no levantar sospechas, pero asumiendo un riesgo necesario: ¿para qué
poner en peligro la propia seguridad si no es para asistir al espectáculo?
Incluso uno de ellos iba provisto de una cámara fotográfica para inmortalizar
el momento de la deflagración. La imagen era, además, una prueba de que había
sido esta banda la que había perpetrado el atentado, necesaria para que el
coche puntuara en la competición con la banda rival.Todo esto lo supo la
policía tras interrogar a los detenidos del barrio de Patraix.
Las detenciones no impidieron que durante 2001 continuaran las quemas
hasta completar los 350 vehículos quemados en 2001. Este año, la cifra ya
se eleva a 39 en mes y medio. Rafael Rubio, responsable socialista de seguridad
ciudadana en el Ayuntamiento de Valencia, donde gobiernan los populares,
recuerda que «cuando empezó este fenómeno sólo se quemaban coches abandonados».
Después, como confiesa en un mensaje de Internet uno de los miembros de RSM,
atacaban vehículos mal estacionados, como buscando un pretexto noble a las
acciones: «Se podría añadir la siguiente circunstancia», escribe el joven,
«que en un primer momento se le pasó por alto a la policía: todos los coches
incendiados estaban incorrectamente aparcados: en doble fila, en pasos de
cebra, sobre la acera».
EVITAR DETENCIONES Para este ideólogo del movimiento antibugas,
es necesario que las acciones las vayan organizando «comandos y células independientes
entre sí» para así evitar que posibles detenciones desarticulen todo el movimiento.
Entre los objetivos que se planteaba, razonaba que «la gente, al menos alguna
gente, empezaría a pensárselo dos veces antes de dejar el coche donde le
sale de los huevos».Concluía pensando en una creciente universalización de
su ígnea causa: «Si nos lo curramos, se puede producir un fenómeno de autoalimentación.
Surgirían automáticamente nuevas células independientes que se dediquen a
rayar e incluso quemar los coches mal aparcados».
Bajo el seudónimo de Eudaemon, otro integrante de estas bandas responde
a las veleidades idealistas del anterior: «Considero lo de los coches risible
y colable a los medios estultos. Lo único que digo es que no hagamos del
tema una campaña ONG para cambiar el mundo, qué buenos somos, qué bello es
vivir, queremos un mundo sin coches y con verdes praderas... como expliqué
en el anterior mensaje, porque creo que no era el objetivo, sino reírnos
un poco, y además nunca nos pondríamos de acuerdo porque todos tendremos
(me supongo) gustos diferentes».
El director del centro educativo donde se produjeron las últimas imputaciones
se sorprende de que CRÓNICA llegue hasta él: «¿Ustedes cómo saben que fue
aquí?». Y ruega que se mantenga el secreto de su identidad y discreción para
no crear alarma en el centro: «Incluso entre los profesores hay pocos que
lo sepan», informa.Define a los implicados como chavales «de clase media
ponderada y casos aislados de chicos con poder adquisitivo alto». A pesar
de que es un movimiento que se sustenta en la comunicación a través de Internet,
el instituto «no había sufrido hasta ahora ningún tipo de gamberrada o agresión
informática». Asegura que él fue el mayor sorprendido de que algunos de sus
alumnos fueran activistas antibugas, entre otras razones porque «nunca operaron
en el barrio del instituto». Finalmente, aventura la existencia «de una o
varias personas mayores» que manejaban a los chavales.«Es mi conclusión personal.
Lo presiento yo», puntualiza. «No tengo idea de sus motivos. ¿Para divertirse?»,
dice con gesto de escepticismo.
José Pérez Alonso, secretario general del Sindicato Unificado de la
Policía en Valencia, reconoce que las Fuerzas de Seguridad desconocen aún
si detrás de los atentados «hay personas mayores o no. Ciertamente no se
sabe quiénes son y no se ha podido elaborar ningún perfil». Y descarta que
en la actualidad se continúe la práctica competitiva de las puntuaciones
según modelos. «No van a por marcas. Las estadísticas son irrelevantes. Buscan
los coches que se encuentran en sitios apartados, donde no hay vigilancia
policial y pasan pocos vecinos. Por eso no aparecen Mercedes o Audi. Éstos
no los dejan en la calle. Alguna vez se han metido en un garaje, pero no
les gusta tanto porque no pueden quedarse a ver cómo arde», explica. En su
opinión, estos grupos han proliferado «porque, policialmente, la noche en
Valencia ha quedado desatendida».
El propietario de un vehículo siniestrado recibe entre el 80% y el 100%
del denominado valor venal del coche, establecido según la fecha de matriculación.
Así, por un Golf 1.4 Concept que hace un año costó nuevo 14.664 euros, se
recibirán entre 9.000 y 9.600 euros (la devaluación es del 25%). Si el coche
tiene cinco años, aunque su estado sea óptimo, el valor venal es de 5.787
euros, así que el seguro aportarían sólo unos 4.200 euros. Las asociaciones
de vecinos valencianas estiman que el coste de los daños por la actividad
de los antibugas asciende, desde la Semana Santa de 2000, a seis millones
de euros (1.000 millones de pesetas).
TAMBIÉN EN HUELVA No es la única ciudad española asolada por
esta ola de atentados incendiarios. En Huelva (150.000 habitantes) desde
que comenzaron los atentados, en octubre de 2000, han ardido más de 80 coches.En
la última semana de ese mes se quemaron 13. El goteo continuó en 2001, como
denunció el portavoz socialista de Justicia, Javier Barrero López, en el
Congreso de los Diputados en octubre. Sólo el 21 de marzo se habían calcinado
nueve vehículos. Tres más ardieron durante el resto del mes. En abril fueron
ocho. En mayo, cinco. «Este mes [enero de 2002], llevan 13 coches en 25 días».A
diferencia de Valencia, las acciones se circunscriben a barriadas de clase
media baja, «aunque se ha dado algún caso en zonas residenciales».
El diputado onubense coincide con el secretario general del SUP valenciano
en achacarlo a la adopción del Plan de Policía 2000, «que sólo vale para
obtener resultados publicitarios», mientras se provoca la desatención policial
a las horas de mayor actividad delictiva.
Los antibugas, mientras, siguen riendo. Una tal Maripili recomienda
en Internet a sus colegas llevar una cápsula de Don Limpio bajo la muela
para darse muerte si son cogidos. Un tal Bar Code le responde: «Quizá mate
dependiendo de la dosis, pero te aseguro que no sería al instante y mucho
menos sin dolor. La corrosión y subsiguiente perforación de la faringe, el
esófago y el estómago te provocarían una muerte lenta y terrible. Mejor cortarse
la lengua con los dientes y sorberla con fuerza por la laringe, obstruyendo
la tráquea: la muerte por asfixia sobreviene en un par de minutos; en el
caso improbable de que no sea así, la hemorragia acaba contigo en unos cuantos
minutos más». ¿Quiénes son? ¿Quiénes se creen que son?
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LAS MODAS DEL «GAMBERRISMO»
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En las últimas décadas se han multiplicado
las agresiones gratuitas a la propiedad privada o pública, casi siempre protagonizadas
por jóvenes, según coinciden en señalar fuentes de la Policía Local de Madrid,
Barcelona y Vigo. Rotura de retrovisores y antenas: «En las zonas de marcha,
los fines de semana, se daban a cientos.Hoy son menos frecuentes, aunque
muchas veces no nos enteramos porque ya la gente ni siquiera se molesta en
denunciarlas».
Robo de tapacubos: «Aquí en Vigo, hace una década u ocho años, era
tan habitual que la gente comenzó a quitarlos de sus propios coches para
evitar el robo. Otras veces era para colocarlos en las propias ruedas. Y
se dio una retroalimentación, como con las antenas: había gente que los robaba
para reponer los que les habían robado a ellos».
Obturación de tubos de escape: «Aún se sigue haciendo, aunque no
es muy frecuente. Son bromas que se gastan sobre todo a dueños de coches
muy llamativos que aparcan en una zona caliente».
Incendios en desguaces: «Siempre hay la sospecha de que pueda haber
asuntos de seguros por detrás, pero algunas veces hemos comprobado que eran
bandas juveniles que lo hacían sólo para ver el espectáculo».
Quema de buzones: «Esas son cosas que ya ni se denuncian. Lo hacen los chicos más normales cuando van cargaditos de alcohol».
Cabinas telefónicas: «Es común ver arrancados los aparatos. A veces
se los llevan, será de recuerdo. Otras los dejan tirados.Muchas veces también
a las cabinas cerradas les prenden fuego».
Cajeros automáticos: «Los bancos siempre han sido un objetivo de esta
gente. Se conoce que los odian. Hay chavales que funcionan por mimetismo
con lo que ven por ejemplo en el País Vasco».
Rotura de escaparates: «Es imposible romper con una piedra un cristal
blindado. Pero se sigue haciendo. No hay intención de robar. Es para ver
cómo estalla, nada más».
Incendios forestales: «Esto es más grave. Ha pasado en Australia hace
poco. A los chicos les gusta quemar, para ver la que montan.Por fortuna en
España se ha dado muy poco, pero ya ha habido algún caso» |
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